Afortunadamente vimos una gasolinera cuando la aguja señalaba ya la E de empty (vacío). No sabéis que alivio... mi angelito siempre está ahí para cuando lo necesito.
Con el tanque lleno al buen precio de $30 las cosas se veían de otra manera. Y es que una vez garantizada la supervivencia ya podíamos dedicarnos a otras cosas menos importantes como pelearnos por la música y echar alguna cabezada entre milla y milla.
A eso de las 10pm llegamos a Williams. Último pueblo antes de nuestro destino final. Decidimos hacer noche allí para levantarnos a la mañana siguiente y no tener que conducir mucho. Lugar de paso de la Ruta 66, que es una famosa carretera que atraviesa todos los estados unidos de costa a cosa, de Los Angeles a Chicago, en total 2,400 millas (3,860 km) de longitud. A principios de siglo formaba parte de la principal red de carreteras del país pero a mitad de siglo fue descatalogada debido a la Ley de Autopistas Interestatales. La lucha por evitar esta descatalogación por parte de los afectados la hizo realmente famosa y hoy en día es conocida mundialmente, de hecho hay muchos románticos que la recorren en todas las épocas del año. Si queréis ampliar vuestros conocimientos ya sabéis; Wikipedia y a leer. El pueblo de película de miedo. Rancheras antiguas, Sheriff auténtico mirándonos al pasar, espabilados con tiendas de souvenir, algún que otro bar y varios moteles para pasar la noche. Nosotros nos quedamos en el mas barato. Nada de lujos pero dos buenas camas y una mosquitera.
A la mañana siguiente después de que pera hiciera el desayuno en la cocina del dueño del motel salimos hacia el cañon mas grande del mundo. Si ya os lo digo yo, la gente suele ser buena por naturaleza solo hay que escoger las palabras adecuadas. En este caso los gestos adecuados porque ya me diréis la conversación que tuvo “El Pera” con el propietario que era indio. Sea como fuere disfrutamos de dos buenos sandwiches y un café calentito.
Una hora después llegamos al Gran Canyon del Colorado. Inmensas rocas erosionadas con gargantas profundas que se extienden hasta sus entrañas y de una belleza que yo no soy capaz de describir.
Es alucinante lo que ha sido capaz de hacer la naturaleza a lo largo de miles de años. Un paseo de 14 millas que permite que vayas viendo y fotografiando el cañon desde varias perspectivas. Si vas a quedarte por la zona unos cuantos días puedes bajar al río y verlo desde arriba. Se necesita un día para bajar y otro para subir. Pero nosotros no teníamos ese tiempo. Algún año volveré, me adentraré en las entrañas del cañon y os lo contaré.